. Espinas Marchitas

sábado, 16 de febrero de 2013

Desnúdate.

Cuando digo que se desnuden,
no me refiero a que se quiten la ropa,
sino, a que se desvistan de su piel.

Que tan solo se olviden unos instantes
de aquello que son sobre la tierra.

Que miren profundamente en sus almas,
y en las de quienes tienen enfrente.

Que observen olvidándose del prejuicio
que mora en sus pensamientos; que el
"en mi no vive mas que la bondad" se desvanezca,
porque la mentira es como una tormenta:
sus nubes cubren a cualquiera.

Y entonces, así, desnudos frente a todos,
todos vestidos solo con ese puñado de
hálito que llamamos alma, podamos levantar
los brazos, agitarlos con la brisa
que nos mese en su murmullo...
y preguntarnos....

¿Quiénes fuimos para juzgarnos diferentes?

Si mas no somos solo almas
que el viento agita en su
trémulo pesar, inconstantes
humanos hechos para pecar.

Si mas no somos solo
un error tal vez,
de alguien que dijo e
hizo un impedimento
para su camino.

Si mas no somos solo
una piedra al costado
de un sendero difícil
de andar.

Si más que eso no somos,
entonces,
¿por qué hemos
de pelear?.

Hástago     (Leandro Yñiguez)  - 16/02/2013

domingo, 27 de enero de 2013

Veneno para un pobre.


No resistí tanto como quería.

La soledad era el único veneno
que mi pobreza me permitía.

Algunos, agónicos, desterrados,
infelices y mal llevados,
se entregan a los brazos del óbito,
por vulgares o por indecisos.

Pero es tanta la pena,
que simplemente,
 no puedo darme ese lujo del destierro
a abismos infinitos y secos,
donde almas  sumen
sus parpados al  sueño eterno.

¡No, no, simplemente no puedo!
Porque es tanto el desasosiego, 
tanto el agobio,
 tan pesado el lastre que cargo sobre
mis espaldas,
como  el equipaje de un errante,
que simplemente no puedo deshacerme del sentimiento,
del anhelo,
de la última esperanza,
de  verle  entre mis alas.

 Leandro Yñiguez - 27/01/2013

Epitafio III


Si de roca fuese el cuerpo que ciñe mi alma, 
fácil sería decir que sobre su rostro han muerto las nubes,
que de su sangre el rostro se inundó.

Mas la certeza es pura y no tan lejana: 
ella lloró y yo bebí sus lágrimas con mis mejillas.

Leandro Yñiguez,  26/01/2013

jueves, 17 de enero de 2013

Epitafio II


Si el nacido cuerpo
hubiera sido alma,
sin ser jamás carne.

El yugo de la imperfección
jamás habría de trisar
las promesas perfectas.

Mas nacida el alma 
es en cuerpo y 
la carga se postra
en su piel.


Mas nacido el cuerpo
es en ojos que ven.

Mas los ojos ven lo
que no se debería
prever.

Mas lo previsto es 
el orgullo de unos,
y la vergüenza 
de los otros.

Y los otros,
solo son despojos,
solo porque nadie,
los quiso ver.

 
Leandro Yñiguez  , Miércoles 16 de enero, 2013

sábado, 5 de enero de 2013

Epitafio I

Vengo aquí,
bajo la piedra,
a sonreír,
a vivir,
a sentir que te quiero,
y aún te recuerdo,
a cantarte un verso,
a silenciar un beso,
a saltar el universo ,
a redoblar el tiempo,
a amanecer en tu cuerpo.


Vengo aquí,
bajo la piedra,
a dormir, eterno.